MILLET SOMOS TOD@S
Entre café y café los funcionarios nos lamentamos de la bajada del sueldo. Yo trabajaba en una empresa donde cobraba poco más que el salario mínimo mientras mi compañero de al lado cobraba más del doble debido a la doble escala salarial pactada en el convenio colectivo. Al llegar a la función pública como un simple auxiliar administrativo me pareció que tenía unas condiciones laborales inmejorables: un poco más de mil euros, menos de 40 horas semanales y una amplia variedad de permisos retribuídos. Ahora con los recortes me indigno. Inicialmente pensé: ¿Por qué los mileuristas debemos pagar los errores de nuestros jefes (políticos) que cobran dietas y gastos de representación que pueden igualar o superar el sueldo, disponen de coche oficial y tienen la llave de la caja de un dinero que consideran regalado? Y después: ¿Por qué los sindicatos y partidos han sido tan irresponsables de pactar mejoras retributivas que no eran adecuadas en épocas de crisis? Pero después de casi dos horas de autobús para volver de mi trabajo (130€ mensuales menos de mi sueldo, ¡que lástima no tener coche oficial!) he tenido tiempo para pensar: Millet somos todos. Los que tramitamos solicitudes de subvenciones infumables, documentos descaradamente falsificados, los que tramitamos expedientes irregulares mirando hacia otro lado somos precisamente los trabajadores de base. Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Público: <<el más específico derecho de los funcionarios de carrera a la inamovilidad en su condición, que no debe contemplarse como un privilegio corporativo sino como la garantía más importante de su imparcialidad>>. Somos inamovibles para poder ejercer nuestras obligaciones sin miedo a ser despedidos. Pero en la práctica cuando nuestro jefe, compañeros o subordinados (y familiares, afines y amigotes) nos presentan (y presionan) documentación que sabemos positivamente es mentira, falsa o incorrecta, la tramitamos igualmente ya que al fin y al cabo es mi jefe, o un colega. Estoy cansado de quejarme, de que me manden a hacer fotocopias para que no moleste y de aguantar las reprimendas y malas caras de jefes y compañeros a los que les incomoda mi sinceridad. Quizá no puedan echarme pero pueden meterme en un sótano a quitar grapas el resto de mi vida laboral (conozco a varios que están o han estado de baja por depresión al no aguantar el mobbing). El problema es doble: 1º Existen funcionarios interinos que no son inamovibles, en cualquier momento pueden mandarlos a casa sin explicaciones ni indemnización, son los más dóciles (comprensiblemente). Y cargos cuyo puesto depende de los caprichos (llamémosle confianza) de otros. 2º Sean cargos de confianza (democracia digital), dirigentes políticos o yo mismo, todos somos funcionarios y como decía un viejo chiste: <<no nos haremos daño, ¿verdad doctor?>> Miremos para otro lado.
Nota: carta de un amigo funcionario. La ha enviado a algunos periódicos, veremos si la publican, Yo pongo mi grano de arena (en el culo).

me gusta el dolor fisico, me ayuda a pasar del psikico. La vida es dolor? Pues no la kiero...Haz lo q creas, cada cual conoce su propia pena...mi vida no merece la pena pq no me han dejado vivirla, me han negado mi derecho a enfrentarme a la muerte...q es vivir sin peligro?vivir sin retos?pues es vivir sin esperanza pq no la necesitas
Esa es la peor de las condenas, es mi condena...
cual es la tuya?
encomision dijo
Cuantas veces me habran dicho: OIR, VER Y CALLAR....
31 Mayo 2010 | 07:38 PM